Colonialidad y racismo

Quipus Privilegios Interseccionalidad Género Clase Raza DDHH Miguel Gámez

El trabajo del racismo consiste en relegar ese rostro al trasfondo o en recubrirlo con un velo. En lugar de esa cara, se hace ascender desde las profundidades de la imaginación un fantasma de cara, un simulacro de rostro, inclusive una silueta, para que ocupen el lugar de un cuerpo y un rostro de hombre. (Mbembe, 2013)

Desde la colonización y el sistema de castas colonial, la diferenciación racial hizo el trabajo más sutil para la modernidad/colonialidad, pues estableció los cánones biológicos/fenotípicos que instaurarían el racismo soslayado, encubierto, global (Quijano, 2007). En Abya Yala, debido a la minoría de mujeres blancas durante la colonia y mayoría de población femenina autóctona, se produjo la más bárbara violación sistemática por siglos de las indígenas, resultando así el sistema de casta colonial como estructura global racializada.

25 resultados de carencias de humanidad, algunos con más o menos privilegios -o con ninguno-, fue el saldo histórico dejado por el sistema de castas colonial, que cada 12 de octubre se sigue celebrando como “Día de la Raza” o “Día de la Hispanidad”, en España, conmemoración que no es más que la perpetuación de la colonia, evolucionada en SMC.

El Sistema Mundo/Colonial sitúa sobre la Línea de lo Humano las prácticas hegemónicas del poder concentradas en el racismo institucional, apoyados a su vez por los privilegios devenidos de los DDDHH, dejando que la construcción de identidades sea impuesta mediante la dominación y opresión, gestada por la inferiorización racial/género/clase que se nutre de los prejuicios, discriminación y exclusión.

No existiría colonialidad sin racialización, y tampoco existirían las razas -como categoría diferenciadora- sin colonialismo. El eje central por el cual transita la colonialidad y cobra fuerza el discurso diferenciador entre el sujeto occidentalizado y el “otro” subalterno, es la categoría raza, lo que demarca la línea de lo Humano y las Zonas del Ser y el No-Ser (Fanon, 2010).

La Línea de lo Humano y lo No Humano divide los estadios de opresión del SMC y produce consecuencias materiales y espirituales a los sujetos; está marcada por diferencias provenientes de los privilegios que se tengan y los que se carezcan, así como características impuestas sobre las corporalidades. Fanon (2010) detalla claramente la superioridad ejercida desde la colonialidad del Poder de los Humanos en la Zona del Ser frente a los “otros” (figura 2). Todas las categorías diferenciadoras que posicionan sobre o debajo de la Línea de lo Humano corresponden a la imposición de la necesidad del desarrollo desde el enfoque de los Derechos Humanos (DDHH), como principal motor civilizatorio.

Los DDHH no son más que un acuerdo que se convierte en convención, y esta a su vez en medidor de los alcances de la modernidad y la civilización/barbarie (Sagot, 2014). Además, se consideran privilegios aquellos devenidos de los DDHH que favorecen a los sujetos sobre la Línea de lo Humano, pero que oprimen a los racializados sin una humanidad reconocida, lo que explica porqué el tratamiento de los conflictos y necesidades aplica diferentes dispositivos y valores según el grado de humanidad de los sujetos.

La Zona del Ser resuelve sus conflictos -porque también existen- a escalas de resolución institucional mediante el respeto y promoción de los DDHH, mientras que en la Zona del No Ser, de aquellos que la componen como seres inferiores No Humanos y despojados de derechos o sin privilegios, las normas y leyes no alcanzan a resolver los conflictos, siendo la violencia la única vía para dirimir tensiones y establecer resistencias. Un sujeto No Humano puede convivir dentro de la Zona del Ser, incluso acceder a ciertos privilegios otorgados por los Humanos de la Zona del Ser y sus instituciones, pero nunca será considerado como tal.

 El SMC construye y gestiona las identidades colectivas para el beneficio de los sujetos privilegiados, a su vez que las vuelve complejas más allá de la articulación natural que debe generarse a partir de dimensiones como la religión, territorialidad, raza, clase, etnicidad, género, origen, entre otras. Todo sujeto considerado no occidentalizado, no civilizado, vulnerable, racializado, no heteronormativo, se encuentra fuera de las instituciones modernas, por ende, sin alcance real a los DDHH.

Dentro del SMC se observa cómo sobre la Línea de lo Humano las prácticas hegemónicas de poder  se concentran en el racismo institucional, apoyados a su vez por los privilegios devenidos de los DDHH, dejando que la construcción de identidades sea impuesta mediante la dominación y opresión, gestada por la inferiorización racial que se nutre de los prejuicios, discriminación y exclusión.

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